martes, 28 de julio de 2015

ICIAR EMANUEL REYES DEL SUR

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ICIAR EMANUEL REYES DEL SUR
DOMICILIO: CALLE TEZOZOMOC MZ.40 LT.1
ESQ. ILHUICAMINA COL. AMPL. LOS REYES CULHUACAN
DELEGACION IZTAPALAPA CP 09840 MEXICO DF.
Esperanza en Dios y su sentido de la justicia. Esto tiene un importante mensaje para todos los creyentes. Podemos expresarle a Dios todos nuestros sentimientos,
Col.2:6-7
6Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; 7arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.



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domingo, 11 de enero de 2015

INTRODUCCION

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Introducción


1. La tierra y la gente. La historia que estamos a punto de trazar nos mantendrá por un rato sobre terreno, con el cual se ha llegado a tener familiaridad, y el cual ha llegado a ser sagrado, a través de cinco siglos de asociación con los patriarcas, reyes y profetas del antiguo pacto. El escenario natural es el mismo sobre el cual Abraham, al principio de su peregrinaje, armó su tienda en Siquem; todo lo demás ha cambiado. Los pueblos y las ciudades antiguas han desaparecido o caído en el olvido; nuevos pueblos y ciudades han venido al frente. Canaán se ha convertido en Palestina, un nombre derivado de los filisteos. Los nombres del pueblo escogido han variado, con las variantes fases de su vida nacional. El nombre más antiguo, el de los hebreos, se ha adherido a ellos en el presente. El término Israel, usado desde los tiempos de Jacob en adelante, fue apropiado para el reino del norte después de la división bajo el reinado de Roboam; mientras que el término judío, de Judá, fue el nombre común nacional, usado por todo el período final del Antiguo Testamento y de todo el Nuevo Testamento. La nación no está ya más aislada como lo estuvo en los tiempos anteriores. La vida ha llegado a ser compleja. Muchas nuevas corrientes han fluido a ella. Un gobernador romano tiene su corte en la nueva capital en Cesarea, o en la antigua ciudad sagrada de Jerusalén. Los soldados romanos y los cobradores de impuestos romanos son presentes. El hebreo antiguo es la lengua sagrada de las escuelas, y debe ser aprendido así como un chico italiano moderno aprende el latín. El arameo es el idioma común de los nativos; mientras que el griego es el idioma de la literatura, y el latín lo es el de los círculos oficiales. 


2. Las cinco divisiones de Palestina. Palestina estaba dividida en cinco distritos en los tiempos del Nuevo Testamento, tres al oeste y dos al este del Jordán. Los del oeste eran,— a. Galilea, al norte, con una población provinciana, sin cultura, principalmente compuesta por judíos, sin embargo, con una gran parte constituida por gentiles. Capernaum era la ciudad principal, aunque la región alrededor del Mar de Galilea abundaba en ciudades y aldeas. b. Judea, al sur, más puramente judía, culta y aristocrática. Contenía a Belén, aldea sin importancia, excepto porque era el lugar en el que habían nacido David y Jesús; Cesarea, la capital romana, construida por Herodes el Grande, y Jerusalén, el corazón nacional y religioso, y el hogar de una raza ampliamente esparcida. c. Samaria, en el centro, con una raza y religión mestizas, intensamente odiada por, y que odiaba a sus vecinos judíos. Sicar, la antigua Siquem, el sitio del antiguo templo samaritano, era el lugar de mayor interés. Los distritos al este del Jordán eran,— d. Perea, al sur, con una población campesina compuesta, principalmente, por judíos. e. El distrito norte, al este del Jordán, no tenía nombre propio. Algunas veces se le llama Decápolis (el distrito de las diez ciudades); pero Decápolis sólo incluía la porción sur. Ésta corresponde a casi todo el antiguo reino de Basán, y puede, por lo tanto ser llamada el distrito de Basán. Ella constituía la tetrarquía de Felipe. La población era principalmente gentil en cuanto a la raza, y pagana en cuanto a la religión. El ministerio de Jesús se extendía a todos los cinco distritos, pero el interés se centra principalmente en Judea y Galilea.
3. Gobernantes de Palestina. a. Emperadores romanos.— Palestina estaba gobernada por gobernantes locales, sujetos a los emperadores de Roma. Los emperadores, durante el tiempo de Cristo, fueron Octavio (Augusto) César (31 a.C.–14 d.C.) y Tiberio (14–37 a.C.). Los emperadores posteriores, de importancia en la historia del Nuevo Testamento, fueron: Claudio (41–54 d.C.), Nerón (54–68 d.C.) y Vespasiano (69–
79 d.C.). b. Gobernantes locales.— La política local se puede resumir de la siguiente manera: 1) Reino de Herodes el Grande. Éste gobernó como un rey que heredó el poder, aunque estando sujeto, sobre todos los cinco distritos mencionados arriba, hasta su muerte, en el 4 a.C.1 2) La tetrarquía (gobierno de cuatro), del 4 a.C. al 41 d.C. El reino de Herodes fue dividido en parcelas entre tres de sus hijos. Arquelao (Mateo 2.22) recibió Judea y Samaria. En el año 6, cayó en desgracia con el emperador, y su reino se entregó a una serie de gobernadores imperiales, de los cuales, Poncio Pilato fue el sexto.
Antipas (Herodes el tetrarca, Mateo 14.3) heredó Galilea y Perea. Felipe (Lucas 3.1) llegó a ser el tetrarca del distrito de Basán. Un cuarto distrito es mencionado en Lucas 3.1. Lisanias no era de la familia herodiana, y Abilinia se encontraba fuera de los dominios de Herodes el Grande. 3) El reino de Herodes Agripa I, 41–44 d.C.2 Herodes Agripa

1 Nuestro método de medir el tiempo a partir del nacimiento de Cristo se llegó a usar en el siglo cuarto. El monje Dionisio Exiguo, el cual calculó la fecha, cometió un error de cuatro años. La muerte de Herodes, es probable que ocurriera a un año de haber nacido Cristo.
2 En el 37 a.C., Herodes Agripa I recibió el título de rey con territorios al noreste de Palestina como su reino. En el 39 d.C. Galilea y Perea fueron añadidas a su reino. En el
41 d.C. se le dieron Judea y Samaria. Ciertos autores fechan su reinado entre el 37 y el 44 d.C., (Hechos 12.1–23) era un nieto de Herodes el Grande. A través del favor del emperador Calígula, todo Palestina estaba unida bajo su gobierno, con Abilinia a la par; de manera que gobernó un territorio más grande que el de cualquier otro rey judío, después de Salomón. 4) Rey Agripa II 44–66 d.C.3 A la muerte de Herodes Agripa, una nueva división se hizo. A su hijo, Herodes Agripa II (Hechos 26.2), se le dieron las dos antiguas tetrarquías de Filipo y de Lisanias. Éste gobernó sobre ellas hasta la destrucción de Jerusalén y del Estado judío, en el 70 d.C. Fue sólo por cortesía que se le llamó “Rey Agripa”. Las otras provincias de Palestina estaban puestas bajo gobernadores, tal como en el tiempo de Poncio Pilato. Los que se mencionan en el Nuevo Testamento son Félix, 53– 60 d.C. (Hechos 23—24), y Festo 60–62 d.C. (Hechos 24—26).
3 El 66 d.C. marcó el comienzo de la guerra de los judíos en contra de Roma lo cual motivó al general romano Tito a entrar a la fuerza a Jerusalén y a destruir esa ciudad en el 70 d.C. 

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"EDIFICARE MI IGLESIA"

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“Edificaré mi iglesia”
Paul Rogers

Herodes edificaba baños, torres, y hermosos edificios. Pero Jesús decía: “edificaré mi iglesia” (Mateo 16.18).

He visto por todo Palestina las estructuras que Herodes construyó. La mayoría de ellas están hechas un desastre, dan pena; están en ruinas y en proceso de deterioro. Un pedazo de muro se puede ver en un lugar, y fragmentos de edificios, en otro. Los edificios que Herodes construyó han sido destruidos, principalmente, por el viento, el agua, la intemperie y las guerras. Pero Jesús edificó la iglesia, y ésta todavía vive.

Jesús dijo: “edificaré mi iglesia”. Esta iglesia es la única cosa en la que puedo pensar, a la cual Jesús podría mirar y decir con algún sentido real: “Mi”. No podría decir “Mi esposa”. No podría decir “Mis hijos”. Jamás supo lo que era tener un bebé para tenerlo en los brazos y decir: “Mi hijo”. Ni siquiera podía decir: “Mi casa”. Las zorras tenían guaridas y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tenía un hogar propio y en el cual pudiera recostar su cabeza. Pero podía decir: “Mi iglesia”.

Si es su iglesia, ella debe llevar su nombre, y el Nuevo Testamento retrata a la iglesia, llevando su nombre: “Os saludan todas las iglesias de Cristo” (Romanos 16.16). Debemos llamarnos cristianos, pues “a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11.26). ¿Qué hay más razonable que la iglesia, a la cual Jesús llamó “su iglesia” sea llamada con su nombre? 

La siguiente palabra de Jesús, dentro de la declaración que estamos estudiando, la palabra “iglesia”, es igualmente tan maravillosa como las que le preceden. “Edificaré mi iglesia”. La palabra del griego de la cual se traduce “iglesia” (ekklesia), significaba simplemente “pueblo llamado a salir”. Los griegos usaban esta palabra para referirse a una reunión política. Cuando la gente era llamada a salir de sus hogares a venir a los foros para una reunión, ellos llamaban a esto la ekklesia, los llamados a salir. Jesús dijo que eso es lo que la iglesia sería.
La iglesia jamás ha sido un lugar; siempre ha sido un pueblo. La iglesia jamás ha sido un corral; siempre ha sido un rebaño. La iglesia jamás ha sido el lugar en el que usted ora; siempre ha sido el pueblo que ora. “Edificaré mi iglesia”.
¿Ha notado usted que Jesús usó la palabra
“iglesia” en forma singular? En el Nuevo Testamento, a la iglesia siempre se le refiere como a una: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia…” (Efesios 5.25); “Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia…” (Colosenses 1.18); “Un cuerpo…” (Efesios 4.4); “… la iglesia, la cual es su cuerpo,…” (Efesios 1.22–23; énfasis nuestro).

La palabra “iglesia” aparece 113 veces en la Biblia. Noventa y nueve de esas veces es referida simplemente como “la iglesia”. Esa es la abrumadora manera como a la iglesia se le refería en el mundo. “Edificaré mi iglesia”.

Esto fue lo que Jesús dijo: “Y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16.18). En el mundo antiguo, las puertas eran el lugar donde se concentraba la fortaleza. Las puertas las hacían de hierro y piedra sólida. Ciertas puertas eran enormes cuñas de piedra. Los ejércitos acampaban junto a las puertas. Jesús dijo que toda la fortaleza del Hades no podría prevalecer contra la iglesia. La palabra “Hades” es una palabra del griego para referirse al mundo de lo invisible. Equivale a la palabra hebrea Seol, y se ha llegado a referir al mundo al cual vamos cuando morimos. Jesús dijo que ni siquiera el mundo de lo invisible podrá prevalecer en contra de la iglesia. Son muchas las cosas que nos pueden causar temor, pero yo diría que lo que más nos causa temor es lo invisible, antes que lo visible. Lo que hace que la muerte nos cause tanto temor es que jamás la hemos visto como realmente es. Pero Jesús dijo que la fortaleza combinada del Hades no será capaz de vencer a la iglesia. Él murió un viernes por la tarde, y parecía como si el Hades había prevalecido. Jesús mismo estuvo tres días en el mundo del Hades, pero él salió de allí un domingo por la mañana. “Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.
La iglesia fue construida sobre un fundamento firme. La iglesia fue comprada con un altísimo precio, la sangre de Cristo. La iglesia está destinada para estar en una mejor tierra, el cielo. Considere tres verdades acerca de la iglesia: su gloria, su meta, y su ganancia.

LA GLORIA DE LA IGLESIA
En primer lugar considere la gloria de la iglesia del Señor. Esto es lo que se declara en Efesios 3: “… a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos” (Efesios 3.21). La gloria de la iglesia se ve en el hecho que la única cosa que va a permanecer es la iglesia. Cuando todo lo que usted puede ver haya pasado —todos los puentes, los monumentos, los edificios, las estructuras— la iglesia todavía existirá.

La gloria de la iglesia se ve en el hecho que ella es la única cosa que Jesús dejó tras él cuando murió. He leído acerca de una iglesia en Wittemburg, Alemania, la cual alegaba que tenía las siguientes cosas de Jesús guardadas en un escondite: un pedazo de los lienzos en los que Jesús fue envuelto, trece pedazos de su cuna, un pedazo de paja sobre el cual recostó su cabeza, uno de los regalos de oro que le trajeron los magos, un mechón de la barba de Jesús, uno de los clavos que le horadaron sus manos, y un pedazo del pan que se comió en la última cena de Jesús. Todo esto es insensato y totalmente improbable. La única cosa de la cual podemos estar seguros, que Jesús dejó cuando salió de este mundo, es la iglesia. La única cosa por la cual él va a regresar es la iglesia.
La gloria de la iglesia se puede ver en lo que se ha logrado a través de los años. ¿Por qué será que en el mundo occidental tenemos estas libertades, las cuales atesoramos tanto? Es en gran parte el resultado de la influencia de la iglesia. ¿Cómo fue que llegamos a tener todas estas instituciones de beneficencia? Las primeras personas en la historia del mundo, que alguna vez construyeron un edificio para ayudar a los enfermos, fueron las que iban a las iglesias, personas con mentalidad de iglesia. ¿Cómo fue que llegamos a tener todas estas instituciones educacionales? Fue debido a la iglesia. Casi todas las primeras escuelas que hubo en los Estados Unidos fueron construidas por iglesias: Harvard, Darmouth, Yale. Todas las grandes escuelas de los Estados Unidos comenzaron por causa de la iglesia. Considere la gloria.

LA META DE LA IGLESIA
Ahora considere la meta de la iglesia del Señor. La meta se expresa en Efesios 1.10: “… de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos,…”. Esto es lo que leemos en Efesios 4.4: “… un cuerpo”. Ese cuerpo es la iglesia. La gran meta de la iglesia es que todas las personas se unan en Cristo. Éste oró en Juan 17.21, “para que todos sean uno,… para que el mundo crea…”. Lo trágico es que el mundo no cree y nosotros no hemos sido “uno”. En los Estados Unidos existen no menos de 240 denominaciones. Todas predican diferentes doctrinas y van en diferentes direcciones. Un músico inglés produjo un álbum, por medio de sintonizar doce estaciones de radio al mismo tiempo, con diferentes volúmenes, y por medio de tocar la música de todas las doce estaciones, al mismo tiempo. Cualquiera que sea el producto que obtuvo, ese fue el álbum. Eso es lo que estamos produciendo en el mundo religioso, hoy día, con tantas voces en conflicto y tantas doctrinas opuestas, y el mundo simplemente aparta su oído. La meta de la iglesia es que todos los hombres puedan ser unidos en Cristo.

LA GANANCIA DE LA IGLESIA
Finalmente, considere la ganancia de la iglesia. En 1 Corintios 15.24 dice: “Luego el fin, cuando [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre…”. ¿Cuál habrá de ser la gran ganancia de la iglesia? Que será entregada a Dios. En Efesios 5, Paul dijo que será presentada como una iglesia gloriosa. La esposa de Cristo será llevada a casa, a la casa del Padre, y ella es la iglesia. El mundo entero va a ser quemado. No conozco de ninguna tragedia natural que hayamos tenido en décadas, la cual se pueda comparar con lo que sucedió en el Parque Nacional Yellowstone, en el verano de 1989. El Parque Nacional Yellowstone no será el mismo, mientras dure el resto de nuestras vidas, o las vidas de nuestros hijos. Fueron dos terceras partes del área forestal del parque las que se quemaron. Por lo menos 1.5 millones de acres de la más hermosa tierra del mundo que fueron consumidos por el fuego. Se podía ver el humo desde Chicago hasta Los Ángeles, cuando el fuego estaba ardiendo. Esto nos recuerda de lo triste que es cuando el mundo arde y a qué se asemejará cuando, como Pedro lo dijo, el día del Señor venga y la tierra y las obras que en ella hay sean quemadas. Todo este mundo estará ardiendo, pero la iglesia será levantada. La Biblia dice que estaremos por siempre con el Señor.

CONCLUSIÓN
¡Cuán gloriosa es la idea de estar en la iglesia que Jesús edificó! El llamado que Alexander y Tomás Campbell hicieron en los años 1800 no es diferente al llamado que nosotros hacemos: que volvamos a la iglesia primitiva, apostólica. Debemos restaurar la adoración de la iglesia el primer siglo a la realidad más cercana posible; debemos tener congregaciones organizadas de la misma forma como se organizaron las mismas cuando estaban bajo los apóstoles, y debemos ser cristianos y cristianos solamente.

Cuando Alexander Campbell vino a los Estados Unidos siendo un joven de veintiún años, él vino de Filadelfia, atravesando el campo hasta Washington, Pennsylvania. Sólo había estado allí unos pocos días, cuando conoció a una hermosa chica llamada Hannah Atcheson. Hannah también procedía de Irlanda. Ella chispeaba y era aguda. El biógrafo dijo que ella era pelirroja, de ojos chispeantes, y mejillas rosadas. El joven Alexander, el cual quería ser un predicador, se sintió atraído a aquella chica. El biógrafo contó cómo los dos fueron a una actividad de desgranar maíz y todos los vecinos estaban allí. Ellos desgranaron el maíz, y luego se entretuvieron con algunos juegos y comidas. Era una noche de canto y de alegría. Alexander Campbell se sentó al lado de la joven Hannah Atcheson. Conforme la relación creció, Hannah quiso que él fuera abogado. Ella era religiosa, pero no mucho. Era ambiciosa, y le dijo a Alexander: “Tú debes ser un hombre de estado, un abogado. Hasta podrías ser presidente de los Estados Unidos”. La gente vaticinó grandes cosas para él. Ella y su familia habían hecho arreglos para que un abogado de Pittsburgh, hablara con Alexander Campbell, acerca de tomar una escuela y pagarle bien, y dejarle estudiar para que fuera abogado.
Pero el momento inevitable llegó cuando el joven Alexander llevó a Hannah a casa en el coche una noche, y ellos hablaron un poco acerca de su futuro. Esto fue lo que él le dijo a ella: “Simplemente no puedo hacer otra cosa más que la que me he propuesto. Quiero ser predicador. Y quiero pasarme mi vida pidiéndole a la gente que simplemente egresemos a la Biblia”. Es probable que no hubiera cincuenta personas en los Estados Unidos, en aquel momento, que les interesara aquello. Hannah, aquella pelirroja irlandesa, algo frustrada por haber declinado Alexander toda esperanza de ser lo que ella creía que era un gran hombre, y por haber rechazado éste, la posibilidad de ir a ittsburgh y de ser entrenado en leyes, dijo: “Alejandro, eres un necio”. Y luego añadió: “Un necio de Dios”.Si hemos de ser necios, seamos tal clase de necios, un necio de Dios. Si las cosas que decimos suenan necias, entonces recordemos que Dios escogió lo necio de este mundo para confundir a lo sabio (1 Corintios 1.20–31). 

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INTERVALO ENTRE EL ANTIGUO TESTAMENTO Y EL NUEVO TESTAMENTO

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Intervalo entre el Antiguo Testamento
y el Nuevo Testamento


I. INTRODUCCIÓN: ABISMO EN LAHISTORIA —FUENTES DE INFORMACIÓN
Entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento se extiende un abismo histórico de cuatrocientos años. Fue durante esos siglos cuando Grecia produjo sus obras maestras de la literatura y del arte; cuando Alejandro llevó el poder de las armas y el más beneficioso poder de las artes griegas a todo el Oeste de Asia. Al mismo tiempo, Roma, después de haber sido una ciudad fronteriza, asentada junto al Tíber, había crecido hasta llegar a ser la vasta “Monarquía del Mediterráneo”; algo que, sin proponérselo, le sucedió por medio de sus carreteras, sus leyes y su civilización, a través de lo cual se preparó el camino para todavía una mayor extensión del reino de justicia de Dios. Durante estos siglos la voz del profeta hebreo y la pluma del historiador inspirado estuvieron igualmente silenciadas. Dependemos de tres fuentes principales para poder tener conocimiento acerca de los asuntos de los judíos:

1. Los documentos apócrifos del Antiguo Testamento. Éstos son escritos judíos de este período; constituyen una especie de apéndice del Antiguo Testamento, el cual no fue inspirado. Éstos arrojan considerable luz sobre la historia de aquel tiempo; pero caen muy por debajo del nivel de los libros canónicos. Mientras que los monumentos de Egipto, los ladrillos con inscripciones de Babilonia, las tabletas de arcilla de Nínive, y una multitud de otros descubrimientos confirman cada vez más la precisión histórica de los registros de la Escritura, los escritos apócrifos han demostrado tener abundantes anacronismos y otros errores históricos y geográficos. De entre los apócrifos, el primer libro de los Macabeos es el más valioso de la colección, desde el punto de vista histórico.

2. Los escritos de Josefo. Josefo fue un historiador judío, nacido en el 37 d.C. Sobrevivió el sitio y la destrucción de Jerusalén, por parte de
Tito, y escribió dos obras importantes: “Antigüedades de los judíos”, la cual es una historia completa desde la creación, y “Guerras de los judíos”, la cual da un relato de la historia de su propio pueblo, desde el 170 a.C., hasta su propio tiempo.
3. Los escritores romanos y griegos.

II. PERÍODOS POLÍTICOS
La historia política abarca seis períodos: 1) Los persas; 2) Los macedonios; 3) los egipcios; 4) los sirios; 5) los macabeos, o período independiente; y 6) los romanos.
1. El período de los persas (538–332 a.C.). Este período comienza con la toma de Babilonia, por parte de Ciro el Grande, y el consiguiente traslado de la lealtad de los judíos hacia el poder persa. Por lo tanto, la más grande porción del período está cubierta por el período del postexilio, de la historia del Antiguo Testamento. Mientras estuvieron bajo el dominio de los persas, los judíos fueron usualmente gobernados por su propio Sumo Sacerdote, el cual estaba sujeto al sátrapa o gobernador sirio. El gobierno persa fue blando en gran manera. Los problemas continuaron con los samaritanos. Éstos, como se recordará, constituían un remanente de las diez tribus, el cual se amalgamó con asirios importados. Éstos estuvieron reforzados, a menudo, por judíos renegados, uno de los cuales, un sacerdote llamado Manasés, construyó un templo sobre el monte Gerizim, cerca del 400 a.C. (cf. Juan 4.20). Los samaritanos poseían el Pentateuco, creían en Dios, ofrecían sacrificios y esperaban un Mesías. La religión de ellos se puede describir como un judaísmo degenerado. 2. El período de los macedonios (332–323 a.C.). En la primavera del 334, Alejandro entró en Asia cuando cumplía con su inigualable serie de conquistas. Al derrotar a Darío en Granicus y en Issus, y al tomar a Tiro, después de una obstinada resistencia de siete meses, barrió a través de Palestina con el fin de llegar hasta Egipto. Josefo menciona una interesante historia acerca de cómo Jaddua, el sumo sacerdote, andando éste a la cabeza de una procesión, se encontró con Alejandro fuera de la ciudad de Jerusalén. También describe cómo Alejandro fue movido a una inusual reverencia al ver aquella procesión; y cómo se abstuvo de saquear a la ciudad, lo cual usualmente hacía; y cómo ofreció adoración al Dios de los judíos; y cómo les explicó a sus oficiales, que su inusual conducta obedecía a un sueño que tuvo en Macedonia, en el cual había visto al sumo sacerdote, quien allí le dijo que él debía conquistar a los persas.1 De todas formas, Alejandro y sus sucesores, parecen haber estado impresionados por el valor de los judíos como colonizadores que eran; pues les extendieron privilegios a los colonos judíos, tales como el asentarse en el Nilo; al punto que Alejandría llegó a ser el centro de una gran población judía, y una sede de erudición judía. 3. Período egipcio (323–204 a.C.). Alejandro murió en Babilonia en el 323 a.C. Después de veinte años de confusa lucha entre sus generales por la división de su imperio, alguna medida de orden emergió. Seleuco obtuvo la parte más grande de las provincias asiáticas. Éste, al pasar por las capitales antiguas del oriente, tales como Susa, Babilonia y Damasco, fundó sobre el Orontes, cerca del Mediterráneo, la  espléndida ciudad de Antioquía. De allí que, por dos siglos y medio, los seléucidas (descendientes de Seleuco) gobernaran al rico reino sirio, y allí, por varios siglos más, se concentró la riqueza y la cultura de Asia. Ptolomeo ganó a Egipto, con su nueva capital, Alejandría, la cual rápidamente llegó a ser la metrópolis comercial y literaria de todo el oriente. Estos dos reinos y capitales fueron rivales por mucho tiempo. Ptolomeo, desde el comienzo, le arrebató Palestina a Seleuco. El siglo durante el cual gobernó Ptolomeo fue principalmente, un período de prosperidad para los judíos. El evento más notable fue la traducción de las escrituras hebreas al griego, lo cual se hizo por orden de
Ptolomeo Filadelfo, para la gran biblioteca de Alejandría. La obra se conoce como la Septuaginta, a raíz del tradicional número de traductores que participaron. 4. El período sirio (204–167 a.C.). Palestina llegó a ser, nuevamente, materia de desavenencia entre los poderes rivales. La familia seléucida, al final recuperó la tierra de manos de los Ptolomeos. El período de gobierno sirio fue el más oscuro y, sin embargo, el más glorioso de todos los cuatrocientos años. Los seléucidas eran tiranos disolutos. Antíoco Epifanio (175–164 a.C.) fue el más notorio de todos ellos. Al regresar, en una ocasión, de ser derrotado en Egipto, se desahogó de su venganza con Jerusalén. Masacró a cuarenta mil personas de su población, despojó el templo de sus tesoros, y ultrajó el sentimiento religioso de los judíos sacrificando una puerca sobre el altar, y rociando el interior del templo con el licor, en el cual una porción de la inmunda bestia, había sido hervida. Buscó, por todos los medios, la manera de acabar con la religión y el espíritu hebreos, y de hacer griega a la nación. Cerró el templo, y prohibió la religión judía bajo pena de muerte. Fueron multitudes de judíos, los que heroicamente sacrificaron sus vidas antes que su fe. Los líderes de esta heroica resistencia pertenecieron a una familia de sacerdotes patriotas conocidos como los Macabeos. 5. El período de los Macabeos (167–63 a.C.). Una guerra de independencia fue iniciada por un anciano sacerdote llamado Matatías, y ésta fue continuada durante treinta años por sus hijos. Judas, el “Wallace” judío, ganó cinco batallas en un año, las cuales peleó contra un ejército diez veces mayor que el suyo; y ganó también el título de “Macabeo” (Martillo), el cual se había asociado con la familia. Judas tuvo tanto éxito, que abrió de nuevo el templo, lo limpió y lo volvió a dedicar, en memoria de lo cual, la fiesta de la Dedicación continuó siendo observada (Juan 10.22). Judas, por fin cayó en batalla; pero una independencia llena de problemas fue, por fin, ganada por su hermano Simón, la cual fue reconocida por los sirios. Juan Hircano, el hijo de Simón, le sucedió con el título de rey. Así, fue fundado el reino asmoneo, llamado a sí en honor a Asmón, un antepasado de los Macabeos. 6. El período romano (63 a.C. al 70 d.C., desde la toma de Jerusalén, por parte de Pompeyo, hasta la destrucción de ésta por parte de Tito). Los años de cierre del período de los Macabeos fueron años de miserables luchas civiles. Los diferentes miembros de la familia de los asmoneos rivalizaron por alcanzar al trono; y las conspiraciones y las reacciones a éstas, los asesinatos en uno y otro bando y las búsquedas de apoyo de parte del emergente poder de Roma, mancharon los registros históricos. En el año 63 a.C., Pompeyo el Grande, al concluir éste la tercera guerra Mitridática, dirigió sus victoriosas legiones a Siria, acabó con el reino de los seléucidos y, con la toma de Jerusalén, extinguió las últimas chispas de vida política independiente que tenían los judíos. Por un tiempo los asmoneos continuaron siendo los gobernantes locales, sin embargo, estaban sujetos, por medio del gobernador romano de Siria, al despótico poder que emanaba del Tíber. La familia herodiana. Pero esta vez, una nueva fuerza personal entra en escena. Por un siglo la familia herodiana desempeñó el papel principal en la historia judía; fue un siglo trascendental, el cual fue testigo del nacimiento y obra de Jesucristo, y de la fundación de la iglesia. Herodes el Grande (37– 4 a.C.) era descendiente de idumeos (edomitas). En el 47 a.C. su padre, Antípater, fue hecho gobernador de Judea. Al mismo tiempo, Herodes fue hecho gobernador de Galilea. En el 40 a.C. fue nombrado rey de Judea por el senado romano, pero tenía que conquistar su reino, lo cual logró en el 37 a.C. Se casó con Mariamne, la nieta del sacerdote rey judío, Hircano, uniendo así sus pretendidos derechos al trono a los de la línea de los asmoneos. Herodes poseía un genio para el gobierno, el cual fue raramente igualado; pero sus vicios eran aún mayores. Fue inescrupuloso en los medios, crasamente licencioso, y enfermizamente desconfiado. Así, víctima tras víctima cayó ante sus fatales celos; entre éstas: su suegra, su cuñado, dos de sus hijos y su propia bella Mariamne. Atrajo sobre sí el odio de los judíos al introducir razas y otras costumbres griegas a Jerusalén. Para expiar su culpa por esto, ante los ojos de ellos, reconstruyó el templo, haciéndolo mucho más grande que el de Salomón, y vastamente más rico que el de Zorobabel. También reconstruyó la antigua ciudad de Samaria, llamándola Sebaste, y fundó la nueva ciudad de Cesarea, haciéndola la capital política de Palestina. A pesar del hecho de que “su trono estaba bañado con la sangre de sus allegados”, le dio al reino el más grande esplendor externo que jamás conoció, excepto en los reinados de David y Salomón. Sin embargo, todo este esplendor material no pudo cegar a los judíos, los cuales estaban orgullosos de su linaje y de su glorioso pasado, al hecho de que eran una raza sujeta. Sus cadenas pudieron haber estado bañadas en oro, pero no por ello dejaban de ser cadenas. Herodes mismo era de una raza extranjera y el gobernó como representante de otra raza extranjera. El tabernáculo de David estaba, al fin y al cabo, caído, y los espíritus electos de la nación, el “Israel dentro de Israel”, esperaba y anhelaba a aquel que habría de levantarla y construirla como en tiempos pasados (Amós 9.11).

III. CAMBIOS EN LA VIDA Y ENLAS COSTUMBRES
1. Ocupación. Los hebreos fueron originalmente agricultores y criadores de ganado. En los días de Salomón, y bajo el reinado de algunos de los reyes posteriores, se involucraron en alguna medida, en el comercio exterior. Pero la amplia dispersión, la cual tuvo lugar desde la época de la cautividad en adelante, los convirtió en una nación de comerciantes, una característica que jamás perdieron.

2. Idioma. Los grandes cambios también se dieron en el idioma. Desde los tiempos de la cautividad las formas caldeas, sirias, y persas ya se habían introducido y, con el paso de los siglos, el resultado fue similar a lo que ocurrió en Italia con la invasión de los bárbaros. El italiano moderno no es el latín clásico; aunque sus raíces se encuentran en éste. Similarmente, el hebreo clásico llegó a ser una lengua muerta, y el arameo llegó a ser el idioma común en Palestina, al comienzo de la era cristiana.
3. Religión. Los cambios en la religión se pueden resumir así: a. La idolatría desaparece para siempre.— Hicimos notar que antes de la cautividad, había una constante tendencia a imitar la adoración pagana que había alrededor de ellos. Al final esto abrió paso a un intenso aborrecimiento de todo lo que tuviera sabor a paganismo. b. Surgimiento de la sinagoga.— No hay traza de la sinagoga en el Antiguo Testamento. Es posible que ésta surgiera durante la cautividad debido a la ausencia de los servicios del templo. Bastaban diez hombres para formar una sinagoga. Había cientos de ellas en Jerusalén, y en muchas de las grandes ciudades del imperio. Los servicios consistían de oraciones diarias a las horas del sacrificio diario, de lecturas el día de reposo y de exposiciones de las Escrituras; y cerraban con una bendición. c. Surgimiento de las sectas judías.— Éstas fueron: 1) Los fariseos, los cuales se apegaban a una ley oral de Moisés, transmitida por la tradición, la cual tenía igual autoridad a la ley escrita. Se apegaban tenazmente a la doctrina de la resurrección y de una vida futura. Eran separatistas rígidos, se oponían a la introducción de costumbres gentiles. Realmente constituían la mejor porción de la nación, lo cual preservó la identidad nacional, en medio de las fuerzas desintegradoras que estaban en acción. 2) Los saduceos. Éstos se oponían a los fariseos en todos los puntos anteriores, negaban la autoridad de la ley oral, negaban la resurrección y una vida futura, y favorecían un trato libre con las naciones que había alrededor de ellos, con las costumbres y con las ideas de ellas. Eran los políticos que abogaban por mantener el favor de los romanos. El sumo sacerdote era, usualmente, del partido de los saduceos. 3) Los escenios eran una pequeña secta de ascéticos que se retiraban de la sociedad, no se casaban, y se pasaban el tiempo dedicados a la contemplación. Ellos eran los ermitaños judíos. Así estaba la tierra, tal era el estado de la nación, en la víspera de la más grandiosa era del mundo. El lado carnal del pacto abrahámico ha llegado y ha ido más allá de su más grande desarrollo. El lado espiritual, ensombrecido por tanto tiempo, pero recalcado cada vez más por los grandes profetas conforme los siglos pasan, está ahora a punto de hallar su amplio cumplimiento.
La estaca llena de espinos, del judaísmo ha madurado, y está a punto de florecer para convertirse en la religión, a nivel mundial, de Jesús el Cristo.

Clasificación de los 27 libros del Nuevo Testamento
1. Biografía
A. Mateo
B. Marcos
C. Lucas
D. Juan
2. Historia
A. Hechos
3. Epístolas paulinas
A. Romanos
B. 1 Corintios
C. 2 Corintios
D. Gálatas
E. Efesios
F. Filipenses
G. Colosenses
H. 1 Tesalonicenses
I. 2 Tesalonicenses
J. 1 Timoteo
K. 2 Timoteo
L. Tito
M. Filemón
4. Epístolas generales
A. Hebreos
B. Santiago
C. 1 Pedro
D. 2 Pedro
E. 1 Juan
F. 2 Juan
G. 3 Juan
H. Judas
5. Profecía
A. Apocalipsis 


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VIAJES MISIONEROS DE PABLO Y VIAJE A ROMA

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Viajes misioneros de Pablo y viaje A Roma

Viaje
Escritura
Tiempo
Lugares visitados
Libros escritos
Primero
Hechos 13.1—14.28
46-48 d.C.
Antioquia de Siria, Seleucia, 
Chipre, Salamina, Pafos,
Antioquia de Pisidia, Iconio,
Listra, Derbe, Atalía
Ninguno
Segundo
Hechos 15.36—18.22
49-52 d.C
. Antioquía de Siria, Cilicia, Derbe, Listra, Frigia, Galacia, Troas, Filipos, Anfípolis, Apolonia, Tesalónica, Berea, Atenas, Corinto, Cencrea, Éfeso, Cesarea, Jerusalén

1 Tesalonicenses
2 Tesalonicenses
Tercero
Hechos 18.23—21.17
53-58 d.C
Antioquía de Siria, Galacia, Frigia, Éfeso, Troas, Macedonia (Filipos),                           
Grecia, Corinto, Filipos, Asón, Mitilene, Quío, Samos, Trogilio, Mileto, Cos, Rodas, Pátara, Tiro, Tolemaida, Cesarea, Jerusalén

1 Corintios
2 Corintios
Romanos
A Roma
Hechos 21.15—28.16
61-63 a C
Jerusalén, Antípatris, Cesarea, Sidón, Mira, Buenos Puertos, Malta, Siracusa, Regio, Puteoli, Foro de Apio, Roma

Efesios
Filipenses
Colosenses
Filemón

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LA HISTORIA DEL EVANGELIO O LA MISIÓN Y OBRA PERSONALES DE JESUCRISTO

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La historia del evangelio O
la misión y obra personales de Jesucristo, 
5 a.C.—30 d.C.



INTRODUCCIÓN

1. Cristo, la figura central de la historia bíblica. Todas las líneas bíblicas convergen en Cristo. Éste era la “simiente de la mujer” prometida, la cual había de herir a la serpiente en la cabeza (Génesis 3.15), la “simiente” del pacto de Abraham, la cual habría de bendecir a todas las naciones de la tierra (Génesis 12.1–3). No hay duda de que los largos siglos de sacrificios hechos por los patriarcas y los judíos, así como los servicios paganos correspondientes, tenían un profundo significado en sí mismos. Era el sentido universal de pecado, que se manifestaba en el sacrificio de vida, el lastimoso llanto de corazones humanos buscando paz y perdón. Pero el significado principal del sacerdocio y de los sacrificios hebreos, residía en su valor como tipo o símbolo. Al través del fatigoso andar de los siglos, ellos apuntan cada vez más hacia el sacrificio que hizo de sí misma la divinidad, para la redención de la humanidad: hacia aquél que es “el
Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1.29). Así, son numerosas las líneas de tipos y las profecías que convergen en la cabeza de Cristo. De una manera similar, las líneas del Nuevo Pacto apuntan en sentido contrario hacia Cristo.
Predicamos a Cristo, creemos en él, lo confesamos, somos bautizados en él, observamos la Cena del Señor, en memoria de su muerte, el día que conmemora su resurrección. La redención, a través de Cristo es el hilo escarlata que sujeta a todos los libros de la Biblia, en un solo volumen. 


2. Cristo, la llave a la historia del mundo. El nacimiento de Jesús es un evento alrededor del cual gira todo lo demás. Los preparativos providenciales para su venida fueron: la elección y preservación de la raza hebrea; las conquistas de Alejandro y el esparcimiento del idioma griego; el surgimiento del imperio romano, con su sistema  Una fecha alterna, de otra forma de fechar, para este período es 2 a.C.—33 d.C. de leyes, y caminos y civilización; la amplia dispersión de los judíos con sus Sagradas Escrituras; la influencia como de levadura de la filosofía griega; el deterioro de la fe en los dioses paganos, y la amplia expectación en un gran gobernante que surgiría de oriente. Y seguramente que no fue un accidente el que el imperio romano continuara en pie hasta que hubiera recibido al cristianismo tan plenamente en sus venas, que lo transmitió a los bárbaros que hundieron sus tierras en la ruina, pero que traían en sus lomos a las poderosas naciones que habrían de darle forma al destino del mundo.

3. Fuentes de la historia. Éstas son las cuatro pequeñas memorias, comúnmente llamadas evangelios de: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. a. Mateo (Leví) dejó su oficio de publicano, o colector de impuestos, para convertirse en discípulo de Jesús (Mateo 9.9; Marcos 2.14). Después sería escogido como uno de los doce apóstoles (Mateo 10.3). Éste escribió especialmente para los judíos. 1) Cita sesenta y cinco veces la profecía del Antiguo Testamento. Vea en un solo capítulo: Mateo 2.5–6, 15, 17, 23. 2) Su nombre favorito para Jerusalén es la “santa ciudad” (4.5; 24.15; 27.53). A Jesús lo llama ocho veces el “hijo de David” (1.20; 9.27; 12.23), etc. b. Marcos no fue un discípulo personal de Jesús, sino un convertido hecho por Pedro (1 Pedro 5.13), y un compañero de Pablo (Hechos 13.5; cf. Hechos 12.25; 2 Timoteo 4.11). Es evidente que escribió para lectores no judíos, pues son pocas las citas del Antiguo Testamento a las que recurre, y las pocas alusiones a las costumbres judías son explicadas (2.18; 13.3; 14.12). c. Lucas no era un discípulo personal de Jesús (1.1–4). Era un médico (Colosenses 4.14), y aparece, por primera vez, como un compañero de viajes de Pablo (Hechos 16.10 y otros versículos de Hechos en los que se usa el “nosotros”). d. Juan fue uno de los primeros cinco discípulos (1.35–51). Llegó a ser un apóstol (Mateo 10.2) y se demás ya habían muerto, omitió la mayoría de le refiere como el discípulo “al cual Jesús amaba” lo que ellos dieron, y añadió muchas de las (13.23; 19.26; 20.2). Era originalmente un pescador conversaciones de Jesús. Omite el nacimiento, el (Lucas 5.1–11). bautismo, la tentación, todas las parábolas, la Mateo y Lucas dan un relato del nacimiento e transfiguración, la institución de la Cena de infancia de Jesús. Marcos comienza con el minis-Señor, y la agonía en Getsemaní. Debido a la terio del Bautista, y el bautismo de Jesús. Juan, el similitud de sus relatos, a los primeros tres se les cual escribió mucho tiempo después de que los llama sinópticos.


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